Por alguna razón siempre que compro zapatos tengo la mala suerte de que no resultan ser los más cómodos del mundo, así que iba caminando a paso torpe tratando de no sentir el dolor en mis talones.
“Estando en Florencia esto no debe de resultar difícil”, pensé, tantos hermosos lugares que un dolor no puede arruinarme el viaje, “Bieeen…te dije que no usaras esos zapatos” me dijo Marissa en su tono sarcástico. Nos sentamos en una barda de piedras y me quité el zapato, aquello de tratar de no sentir el dolor me resultó poco efectivo, ya que mi pie tenía una ampolla gigantesca.
“Necesito descansar y comer en algún lado…” dije, volteamos buscando un lugar apropiado para comer cuando nuestros ojos se posaron en un pequeño lugar, “Ahí se ve rico”, acordamos, así que me quité los zapatos y opté por ir descalza.
» Leer más